Hechos y Lugares

Monumento a Tomás Godoy Cruz

Las fachadas de las "Casas Chorizo"

Monumento a Tomás Godoy Cruz

Entre fines del siglo XIX y durante los primeros tiempos del siglo XX la erección de monumentos y símbolos patrios fue clave como parte de la acción estatal destinada a construir y conservar la nacionalidad argentina.
En Mendoza se dispuso por ley en 1909 construir el monumento a Tomás Godoy Cruz, representante de Mendoza en el juramento de la Independencia que se realizó en el Congreso de Tucumán. El 27 de mayo de 1910, siendo gobernador Rufino Ortega, fue colocada la piedra fundamental en la plaza departamental como parte de los festejos del centenario de mayo (imagen 1).
En enero de 1911 el escultor mendocino David Godoy (Mendoza, 1870 c- Buenos Aires, 1942) presentó una maqueta del monumento, que estaba configurado por un obelisco en estilo Luis XVI. Si bien recibió halagos por la fidelidad histórica, se recomendaron modificaciones tendientes a marcar más claramente la actuación y los aportes de Godoy Cruz. A fines de febrero de 1911 el Poder Ejecutivo le encomendó la ejecución de la obra. El precio fue estipulado en cien mil pesos y quedaron a cargo del artista los gastos del transporte hasta Mendoza, y de su instalación. La obra debía ser entregada en 3 años. El escultor residía en Francia y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, impidió que el monumento llegara a nuestro país en el plazo acordado, siendo finalmente erigida recién catorce años después.
En 1922, el gobierno nacional tomó conocimiento del inminente remate de las esculturas, e inició las acciones necesarias para recuperarlas. En 1924, ya con las piezas en la provincia, se aprovecharon los festejos julios para inaugurar la escultura de Tomás Godoy Cruz (Imagen 2 y 3). Por ese motivo, ese año la festividad no se celebró en Capital, se organizó en Godoy Cruz. La población de la capital se trasladó a la plaza central del Departamento con “toda clase de vehículos” y la plaza estuvo completamente llena de concurrentes a los extremos que se hacía “difícil caminar por sus avenidas centrales”. El tradicional Te deum se realizó en el templo parroquial y luego se pasó a la ceremonia de inauguración. En torno a la escultura se encontraban agrupados los dirigentes y las personalidades más sobresalientes de la administración pública y del ejército. Dos mil alumnos de las escuelas provinciales entonaron el Himno Nacional. Luego se procedió a descubrir la obra, envuelta en la bandera nacional.
La pieza conmemorativa forma parte de un conjunto conformado por elementos simbólicos, alegóricos y decorativos. La imagen de Godoy Cruz de carácter realista, se alza sobre una base de 6 metros de alto. Sobre los costados se encuentran una alegoría de la agricultura, la figura de un cóndor erguido sobre el escudo de Mendoza, la placa conmemorativa de la inauguración y un sol ubicado sobre un pergamino que anuncia en 1816 el nacimiento de la patria.
El gobernador, C. W. Lencinas, hizo entrega de la estatua a Alejandro Orfila, intendente interventor de la municipalidad de Godoy Cruz y pronunció un discurso publicado en el diario La Palabra. Decía: “se verá perpetuado en este monumento que recordará a los que vienen su consagración de grande entre los grandes con el aplauso de todo un pueblo agradecido a sus méritos y a sus obras” (…) “para que sus virtudes sirvan a los hijos de este pueblo como vivo ejemplo de alta ilustración y sincero patriotismo”. Una vez inaugurado el monumento, la comitiva oficial se dirigió al edificio de la municipalidad para presenciar el desfile de las fuerzas militares en la plaza y calles de Godoy Cruz.

Texto: Natalia Luis  (INCIHUSA / PR2021-21- UNCUYO)
Imágenes: diarios Los Andes, La Palabra y Álbum Centenario

Las fachadas de las "Casas Chorizo"

Las ciudades argentinas y cabeceras municipales, se caracterizan por un marcado eclecticismo arquitectónico. Godoy Cruz no es la excepción. Recorriendo su centro urbano podemos distinguir diferentes y variadas tipologías arquitectónicas.  Una de ellas, sin embargo, destaca del resto. Conocidas en nuestro país como “casas chorizo”, este pintoresco nombre hace referencia a la disposición alargada de las viviendas (resultantes del aprovechamiento de los terrenos urbanos de igual forma) y la sucesión de las habitaciones, una comunicada con la otra y todas con acceso a un patio interior. Desde ciudades de numerosa población urbana como Buenos Aires, Rosario, Córdoba o Mendoza, hasta en los pequeños pueblos del país, podemos encontrar aún estas viviendas, aunque su número baja día a día, ya que se considera solamente el valor del terreno para negocios inmobiliarios.
Aún hoy, tras sufrir los embates del tiempo, estas fachadas poseen un gran atractivo arquitectónico y artístico. Aquel juego de formas puras a las que se refería Le Corbusier, no son más que las fachadas de las casas chorizo: aprovechando al máximo la disposición angosta del terreno, la mayoría ofrecen la simétrica disposición de una puerta de ingreso y dos ventanas a cada lado. Las más recientes, rompen esta simetría y poseen una entrada vehicular o cochera en uno de sus extremos.
Si pudiéramos viajar en el tiempo, veríamos cuadras enteras  de casas chorizo. La alternancia de puertas y ventanas, la altura uniforme, los elementos arquitectónicos  como arquitrabes, frisos y columnas o pilares adosados, sumados a las veredas y  acequias con frondosa arboleda, brindarían a nuestros ojos un paisaje urbano único, uniforme y ordenado, donde cada casa, mediante sus ornamentaciones arquitectónicas y la elección del color, se diferenciaría de la de su vecino. Acostumbrados al caos urbano actual, esta debería ser una vista realmente pacificadora de nuestros sentidos. Además de brindar una cierta uniformidad urbanística, las fachadas, al estar situadas sobre la línea municipal, ofrecían una clara delimitación entre las dos esferas de la vida social: la pública y la privada
En este reducido espacio, no mayor a los 9 metros de frente, se plasmó una ornamentación arquitectónica que hace honor a los oficios de la época. Para diferenciarlas y poder datarlas cronológicamente casi con precisión, podemos decir que las más antiguas tenían una decoración clásica de pilares o columnas adosadas con capiteles jónicos o corintios, arquitrabes y frisos corridos y en algunos casos, como en el remate de las ventanas, festones y rosetones. Avanzando en el tiempo, cuando en el primer decenio del siglo XX el Art Nouveau europeo ingresó en el país, esto se plasmó en las fachadas: bellos rostros de ninfas, molduras onduladas y herrería de orgánicas formas. En ciudades como Rosario o Buenos Aires, podemos observar los más destacados ejemplos, aunque en las casas chorizo mendocinas, este aporte se hizo de manera más tímida, supeditado a la disposición de los órdenes clásicos. Pero sí fue más evidente y usado con mucha mayor libertad compositiva en otras tipologías arquitectónicas, reservadas para familias más pudientes.
Por ese entonces, existía el oficio de frentista, quien era el que ordenaba la composición de las ornamentaciones de la fachada. Para sorpresa de muchos, y con un atractivo guiño al futuro, estas ornamentaciones venían prefabricadas. El frentista seleccionaba del catálogo las que necesitaba y las componía en infinitas combinaciones, pero con un criterio que tenía siempre la armonía como principio. Así, se colocaban y enlucían las juntas. Para las ventanas, los herreros elaboraban hermosas rejas o barandas, agregándoles decoraciones clásicas como hojas de acanto con gran maestría. Y los carpinteros tallaban también decoraciones en las puertas de doble hoja. En un solo frente, se reunia la pericia de varios oficios de la época, hoy en día perdidos.
 
Para el afamado arquitecto, urbanista y teórico suizo Le Corbusier, tras su visita a Buenos Aires en 1929, estas viviendas no pasaron desapercibidas a su atenta mirada. En una de sus conferencias en el país afirmó: “Dibujo las casas de Buenos Aires. Hay así cincuenta mil. Han sido hechas- son hechas cada día- por los contratistas italianos. Son una muy lógica expresión de la vida de Buenos Aires. Sus dimensiones son justas, sus formas armoniosas , sus respectivas ubicaciones se han encontrado con habilidad. Es vuestro folclore; desde hace 50 años y todavía. Ustedes me dicen “¡no tenemos nada!” Yo les respondo: tienen esto, un plan (plano) estándar y el juego de formas hechas bajo la luz argentina, un juego de muy bellas, muy puras formas ¡Observen!”

Texto: María Laura Copia (INCIHUSA / PR2021-21- UNCUYO)
Imágenes: Damián Salamone